Situada en la zona centro, la calle hace de separación de la parroquia de Santa Marta (números impares) de la de Rectivía (números pares).

La calle se inicia en la plazuela Escritores Carro Celada, y finaliza en la avda. Madrid-Coruña, en el cruce de Cuatro Caminos.

Colaboraciones y reseñas.

Sobre el Húsar Tiburcio, D. Julio Blanco Primero escribió en la Revista Excelsior en dos ocasiones, en mayo de 1983 y marzo de 1984, y decía lo siguiente:

Se dice que este hombre era natural de Villafrade de Campos y hermano del presbítero Antonio Fernández Alvarez, natural del citado puebo. Pues bien, este héroe de la Guerra de la Independencia murió ejecutado por los franceses el día 22 de abril de 1810 ante uno de los negrillos que se encontraba en el sitio llamado “cuatro caminos”, o principio de la bajada de la “cuesta de los bolos” que va hacia la Eragudina. Este valiente héroe del que algunos historiadores dicen que era cabo de regimiento de húsares y otros lo ponen como soldado solamente, tuvo el coraje, arrojo y valentía suficiente cuando el susodicho 22 de abril se firmó la capitulación de Astorga entre el General Santocildes que mandaba las pequeñas fuerzas o guarnición de la ciudad con el Gneral Junot, mariscal del ejército francés, para decir que si Astorga capitulaba “yo no capitulo”; y desenvainando su sable se lanzó a la lucha dando buena cuenta de unos cuantos franceses que cayeron ante el arrojo y valor del héroe que citamos.

Esta es la versión de Lafuente en su historia de España. Así lo refiere también el Sr. D. Matías Rodríguez en su Historia de Astorga. Sin embargo, el Sr. Salcedo Ruiz en su excelente monografía, Astorga en la Guerra de la Independencia, dice que el hecho ocurrió en el solemne momento del desfile de la guarnición para hacer entrega de las armas al enemigo y dice: “entre los húsares que marchaban a la vanguardia iba Tiburcio Fernández Alvarez, soldado valeroso que se habían distinguido extraordinariamente durante aquel período y quien apuntando con su fusil al General Boyer, Jefe del Estado Mayor de Junot, gritó: “si todos se rinden yo no me rindo” y acto seguido disparó sobre el Jefe Francés que por una casualidad del destino salió ileso, y haciendo inmediatamente prisionero al citado húsar.

El Sr. Salcedo dice que esta versión la tomó de las Memorias de la Duquesa de Abrantes, (esposa del Marical Junot). Según este mismo historiador, Tiburcio fue pasado por las armas ese mismo día 22 de abril sobre las dos de la tarde en el lugar antes dicho muy cerca de Puerta Obispo, paso de la ciudad al barrio de Rectivía. El enclave de la calle de este valiente está precisamente muy cerca al lugar de su ejecución, ya que va desde la plaza de Puerta Obispo hoy “Primo de Rivera” hasta la carretera de Madrid-Coruña, en lo que hoy llamamos “cuatro caminos”.

Allí mismo fue enterrado. Esto ocurría el 22 de abril de 1810.

El 26 de mayo de 1814, viéndose el vecindario de Astorga libre ya de los temores de la guerra, las Compañías de Tiradores de esta Plaza, de acuerdo con el Ayuntamiento y en señal de eterno agradecimiento hicieron la exhumación y traslación de las cenizas del heróico soldado a la Parroquia Castrense, llamada de San Miguel.

El arca en que se encerraron las cenizas iba majestuosamente adornada, se trasladó con toda pompa y aparato fúnebre, y fue depositada en las gradas del altar mayor de la citada iglesia castrense.

La relación de estos hechos, así como los actos en honor del Húsar Tiburcio y de sus heróicos servicios, homenajes, traslación de los restos, etc., se encuentran en certificación del Excmo. Ayuntamiento en la sesión ordinaria del 27 de junio de 1814. Hemos podido verla en el archivo, pero nada se dice en la misma de la dedicación de una calle a nuestro héroe.

Posiblemente por esas mismas fechas el Ayuntamiento tomara la determinación. También pudo ocurrir que fuera el mismo pueblo quien comenzara a llamar así a esta calle.

También Martín Martínez, en su libro Calles de nuestra Astorga en las páginas 38-39 escribe sobre esta calle.

Astorga le dio una calle, lo cual no era para menos; le dedicó la calle en la que él dio su vida en defensa de la ciudad hace ya más de siglo y tres cuartos.

Es desde 1912 la calle del Húsar Tiburcio, un soldado de Tierra de Campos que a las órdenes de Santocildes defendió la ciudad de los ataques franceses hasta su inmolación; para él quedó, con su muerte, la gloria y el reconocimiento del pueblo astorgano.

Pueblo que aún, en buena parte, cree que húsar es el nombre de algún personaje de apellido Tiburcio, sin relacionarlo con su condición de militar quedando la calle como de Húsar Tiburcio sin anteponerle el artículo correspondiente. Lo de menos es esto.

Lo cierto es que el húsar Tiburcio se hizo acreedor a una de nuestras calles, dedicándosele aquella en la que él había entregado su vida en defensa de Astorga y en un acto de exaltación patriótica incomparable.

La calle, todos ustedes saben, va desde Puerta Obispo y Plaza de Esteban Carro a la carretera nacional VI, lugar conocido como Cuatro Caminos. Calle que se llamó hasta 1912 de La Fuente porque, directamente, conducía desde la ciudad a la Fuente Enlacalada conocida también como fuente de Los Cuatro Caños, lugar de aprovisionamiento del líquido elemento por excelencia como ya en días anteriores hemos visto. Bautizada esta calle, desde siempre, por un sentido práctico-histórico-geográfico, cuyo testimonio pétreo en forma de lápida estaba incrustado en la primera casa de la izquierda, número uno pues; eliminado y no repuesto, como tenía que haber sido, al construirse el nuevo edificio.

Allí en el número uno del Húsar Tiburcio, conocimos los rapaces de los años 50, y aún más acá, la tienda de Ultramarinos Alonso, me parece que le decían El Sordo, de guardapolvo y condescendiente al máximo con los rapazuelos, que en los jueves de asueto escolar y paseo, camino de la plaza de toros, compraban la sabrosa granada y tal cual mandarina, siempre por unidad, que paliara las sedes del desenfrenado partido de fútbol en praderas calvas con porterías de piedra cantera.

Enfrente, en la otra acera, quedaba Reimóndez también de amplio polisón, y reservado para los caramelos de altea, las pastillas de café con leche o algún polvorón que los más pudientes mercaban para gula de los condiscípulos.

Más adelante, recuerdo encontrar el local de un herrador, afanoso en su tarea de calzar las caballerías del Tuerto, bien provistas así para dar vueltas a la noria. Y muy cerca, siguiendo la acera el taller de Eloy Carro, el padre de Esteban y José Antonio a los que inculcó la poesía con gubia y formón; fue maestro carpintero y entallador de fama; aún recuerdo el espectáculo de introducir en el santuario de Fátima los dos confesionarios que más parecían dos altares, en los que don Víctor tantos pecados veniales perdonó.

Pared con pared estaba la casa de los Carabineros, un cuartelillo de la Guardia Civil que nunca supe por qué su denominación carabinera y donde mandaba, por entonces, el sargento, o cabo, que se yo, Ferreras; era el padre de nuestro condiscípulo Gabriel Ferreras, quien por aquellas fechas sacó pecho que no veas, pues su progenitor había tomado parte en la caza y captura del célebre Girón; eran años de maquis y leyendas en la Cabrera, y de hambre por todas las partes; aquello, al parecer, le valió al padre de nuestro compañero un ascenso profesional.

Era, es, la que fue calle de la Fuente, ahora del húsar Tiburcio, de quien tendremos que dar unos apuntes en la próxima entrega porque hoy el espacio se va. Diré, no obstante que nació en Villardefrades de Campos el que se llamó Tiburcio Alvarez, que pertenecía al Batallón de húsares de León y que, cuando Santocildes rindió Astorga a los franceses el 21 de abril de 1810 dijo aquello de si todos han capitulado yo no capitulo.

Bordado ya todo con la leyenda, Tiburcio Alvarez, por orden del general Junot fue pasado por las armas al día siguiente -22 de abril- y enterrado en el mismo lugar de su ajusticiamiento que se hizo a tiro de arcabuz.

Foto Jrf, marzo 2005En 1814, pasados ya los años de la refriega y lo ánimos un tanto calmados, sus resto fueron exhumados y trasladados solemnemente a la iglesia y cementerio militar de San Miguel; en 1912, conmemorando el centenario de Los Sitios, hubo nuevo traslado, hasta con aires rocambolescos, a la catedral y colocados sus huesos fronteros a los del general Santocildes, en la capilla de la Inmaculada, donde su lápida reza así: A la memoria del heroico soldado de húsares de León, Tiburcio Fernández Maroto, fusilado por los franceses el 22 de abril de 1810.

En la solemne traslación de sus restos de la iglesia de San Miguel a la S.A.I. Catedral. 28 de agosto de 1912.

El próximo viernes, si Dios quiere, y el director lo permite, completaré los datos de este héroe que se merece todos los honores de los astorganos y con cuyo nombre se honra una calle de la ciudad.

El Faro Astorgano, 18-II-94

14 de agosto de 2005. Los ayuntamientos de Villafrades de Campos y Astorga homenajearon a Tiburcio Álvarez, cabo del cuerpo de húsares de León, que murió en la defensa de Astorga en 1810

15 de agosto de 2005, Diario de León.
El húsar que no aceptó la derrota.